Tras una semana y media de introducción a lo que será la consagración de mi vida a la filosofía (si es que tal “consagración” es posible), tienen cita múltiples pensamientos en mi cabeza, algunos de aliento y voracidad por el saber, pero también otros de frío sinsentido de la razón y la naturaleza del hombre.
Casualmente y muy ad hoc me llegó esta iluminación literaria:
Deberías avergonzarte de formular preguntas metafísicas como un estudiante que no ha digerido sus primeras experiencias, viejo bobo.
Ödön Von Horváth
HELL
Uf!
¡Consagrar la vida a la filosofía!
Eso es rudo.
Te lo dice uno que lo hizo, y que cada día decide hacerlo de nuevo…
No, no es posible; eso es lo que lo hace meritorio.