Archivos para la Categoría 'Poesía y Creación Literaria'

Sin título.

De un cartero

Como entrando en arenas movedizas comenzaba su largo recorrer por la ansiosa ciudad. 

Ahí en el microbús de las 6 a.m. iban los desmañados del lunes, unos crudos, otros más bien cansados y otros aún en su séptimo sueño sobre un cristal que en complicidad con los baches del asfalto y la mala gana de un chofer somnoliento, les jugaba la mala broma de hacerles rebotar la cabeza hasta lograr que de fastidio se despertaran limpiándose las babas de la boca. 

Llegando a la oficina de correos el día empezaba con café gratuito de mala calidad. Siempre se preguntaba quién demonios preparaba esa asquerosa bebida, después de dos tragos se olvidaba de las quejas. Pasaba como de costumbre a ordenar las cartas por colonias, calles y números. Eran las primeras acciones de la jornada matutina, todo en calma, sus compañeros carteros hacían lo mismo, todos en silencio. A veces uno que otro aclaraba roncamente el gañote; las más de las veces se escuchaban algunos bostezos. 

Las misivas que ahí se juntaban formaban un increíble repertorio, las había desde las más comunes hasta las más inimaginables. Recibos de teléfono, gas, luz y agua, así como perfumadas cartas de novias, amenazas anónimas de índole pasional, ajustes de cuentas y favores políticos, y por qué no, la carta trágica que informaba la muerte de una tía-abuela olvidada en un convento para monjas. 

Iban las cartas en su morral de correos nacionales, le bastaba con que el destinatario se sorprendiera ante la carta de amor que tardó tanto en llegar, que para ese momento el amante tendría que recapitular su aventura sexual con dos hijos a cuestas y una esposa miserable. A veces le complacía que las personas, aún sabiendo que no recibirían nada más que órdenes de pago, miraran con ojos soñadores una correspondencia que podría, sólo tal vez y en otro mundo posible, llevar buenas noticias como la notificación de una herencia a cobrar, un premio instantáneo al registrar cupones de cereal por teléfono, una invitación a formar parte de un selecto grupo de misioneros de Jesucristo o algo que al menos los sacara de su inmutable forma de vida. 

Conocía ya la ciudad entera, toda le parecía la misma. No creía que hubiera dos ciudades como a veces se oía decir que había un lado VIP y otro, el de los jodidos. Él daba por hecho que de algún modo todos eran igual de inmundos en el fondo. Nadie era inocente, y tarde o temprano, todas las almas tristes arderían en el infierno. 

Llevaba quince años en el negocio, a los dos lo empezó a odiar, nunca se acopló a los perros desquiciados que corren ladrando tras una bicicleta con campana, y qué decir de los automovilistas que creen que todo aquello que no es otro carro en la calle, no sólo puede, sino debe ser golpeado, arrollado o aventado en nombre del poder que infunde una carrocería de fibra de vidrio. 

Así, lidiaba diariamente con el sol, le hacía frente con una gorra azul más gastada que sus zapatos, de los que ya la suela quería vencerse de tantos besos que había dado al concreto. Él mismo había tenido que besar el polvo del asfalto en algunas ocasiones, por lo general cuando era apaleado por ladrones de malos modales quienes en su afán de castigar en vida a ese hombre desesperado le robaban el correo. 

De regreso a casa los rostros de los transeúntes no eran muy diferentes a los que veía en la mañana, tal vez más sucios, despeinados y mal olientes, pero su semblante triste y monótono era el mismo, ojos apagados, pómulos escurridos, labios secos, frentes marchitas. Parecía que su mundo había muerto, aunque no recordaba si lo había visto vivo alguna vez. Pensaba pocas cosas, en algún momento imaginaba historias contenidas en cartas que jamás eran para él. Era de los nacidos para perder, los hechos para ser olvidados, y qué importaba.  

No era más ridícula su vida rectilínea que encontrarle un sentido imbécil a sus actos. 

———————– HELL

La Náusea y una Charla Ajena sobre la Muerte

El corredor de las sombras y la luminosidad. 

En la noche, mirar el humo de tabaco suspendido entre una luz tenue es de los placeres más insalubres que encuentro después de ver una gran película, UNA GRAN PELÍCULA. Camino entre los pedazos de sombras y poca luz que tapizan el largo corredor que me llevará a la estación del Metro Coyoacán. Ya me voy a mi casa.  

Me detengo en la entrada de la estación, espero a fumar un poco más de mi segundo cigarro de la noche pero lo apago pues la ahora abundante luz, estropea el efecto del humo que encontraba anteriormente; me meto; atravieso los torniquetes con boleto en mano; espero el metro.  

El gusano naranja. 

Empieza el rápido recorrido por el que me ha de llevar el operador de metro para llegar a Ciudad Universitaria. Ya en el vagón, empiezo a sentir esa desagradable sensación que muy seguido me llena el interior, mejor conocida como: La Náusea. Las personas viajan cansadas, despeinadas, tal vez agobiadas. Me lleno de calor, mis manos sudan, mi frente suda. Ya casi llegamos.  

Esperando. 

Ah… qué bien se siente el aire aquí afuera, me relaja un poco ¿Aún hay peseros? Son las 11:15. Sí, seguro hay, es viernes y además quincena. Sí, sí hay.  

Tarifa nocturna; bájese donde quiera, de todos modos son cinco pesos. El camión espera a reventar, y la gente sigue subiendo, ya puedo imaginar cómo me sentiré en el camino… si la Náusea no se había ido en su totalidad, prepáreme yo para que se intensifique. 

Charla ajena sobre la muerte. 

Calor, sí, hace calor, me siento abochornado… Pienso en la maravilla fílmica a la que asistí esta noche, qué película tan buena. Fascinante. Demonios, me siento mal físicamente. Dos pasajeros hablan sobre la violencia al volante, sordidez humana y muerte express: 

<< - … iba yo arriba cuando se nos cierra un carro particular, se bajan los conductores y el chimeco “se la hace de emoción” al otro, el del carro… [el hombre que tiene la palabra encarna con su mano a una pistola, seguido de hacer como si la disparara con un sutil ademán ] 

- Sí, así pasa. Igual yo iba en el micro, que se sube un fulano y por atrás del conductor…  [este hombre ahora hace que nos imaginemos un pica hielos en su mano, y como si agitara un yogurt nos da a entender que el chofer fue apuñalado ] >> 

Sí, todos conocemos esas historias, las hemos vivido en persona o nos las han contado. Hoy vi muchos balazos y alarmantes (pero no exageradas) cantidades de sangre. Nuestra realidad es diferente a la de las películas… Ah… si todo fuera tan romántico como en el cine o en los libros ¡qué consolación al enfrentar a la vida y a la muerte! 

Recuerdo un pasaje de El Retrato de Dorian Gray que dice:  

“Ocurre a veces que las verdaderas tragedias de la vida suceden de una manera tan poco artística, que nos hieren por su cruel rudeza, por su incoherencia absoluta, su absoluta necesidad de sentido, su entera carencia de estilo.” 

Cierto. Oh, siento que voy a vomitar. Sobre la avenida hay espectaculares en lo alto que por su luminosidad me hacen bajar la mirada; abajo hay parabuses publicitarios con anuncios ridículos de teléfonos celulares que destellan lastimosamente; en el camión hay gente que se niega a recorrerse aunque el chofer lo exige casi a gritos; el pasamanos está caliente por el calor corporal que le robó el metal a otro pasajero. Siento que la Náusea debe ser liberada, trato de eructar pero al forzar mi esófago no consigo resultados. Resiste muchacho. 

<<- ¡… qué necesidad hay de morir instantáneamente!

- Sí, si te quieres morir juegas ruleta rusa.

- O te pegas un balazo y ya. >> 

¿Cuánto falta para llegar? Ya falta poco. Paso por una tienda de telas donde alguna vez bajé de emergencia a sacar la Náusea, que ya era incontenible. No, no pienses en eso. Esta vez no pasará. 

Ahora pasamos por una base de camiones recolectores de basura, que curiosamente está detrás de una tele-secundaria. Ahí se sube una muchachita bien parecida por la puerta trasera del microbús, pues por enfrente ya van los clásicos colgados. Pide de favor que pasen su pasaje, así lo hacemos, todos cooperamos porque nos veríamos muy mal si nos negáramos, no hay de otra. No importa. Tiene lindos senos, preciosos senos mejor dicho. 

<< – … es que es lo que tú dices, a la velocidad que llevan ya no se detienen ni pisándole todo al freno, así se fue a estampar con un poste. >> 

Hoy escuché dos derrapadas, tan sólo en 3 horas que estuve en la calle. No importa ¿a quién le sorprende? 

Los dos hombres arrejuntan sus cosas preparándose a levantarse, parece que ya van a bajar. Uno de ellos insiste. 

<< – … te digo… qué necesidad hay de morir instantáneamente.>> 

La muchachita de hermosos senos se ha bajado hace un par de calles, yo ya empiezo a recorrerme a la bajada… ¡ah! Ya estoy en la puerta, que va abierta y puedo sentir el viento sobre mi cara. Alivio.  

Los dos hombres se han levantado y ahora están a mi lado. Ya nos vamos a bajar. 

- Ya le tocaste ¿verdad?. Sí, le contesto. 

Nos bajamos y entonces el camión desaparece sobre la calle ¿a dónde van los pasajeros? No lo sé, qué me importa, quiero llegar a mi casa y esperar a que se me pase este malestar.  

… así fue mi noche después de ver Pulp Fiction en la Cineteca Nacional. 

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Hell

El mundo, la náusea.

La ciudad es una mierda viva, viva y desquiciada, las personas se comportan como cerdos, animales desequilibrados, deshonestos y delirantes; repulsivos hasta para los ojos de una lagartija de alcantarilla.
Años antes solía tener sueños en donde me hallaba en medio de una inmensidad de vacío terrenal. Me veía absolutamente solo y perdido, estupefacto al presentir que ya no existía el arriba, ni el abajo, ni a un lado o al otro; abandonado en la soledad; minúsculo y sensible, atómico y vulnerable como un microorganismo. Siempre me aterré al comprobar que realmente no había nada estable en aquel punto de la existencia, nada que me ubicara racionalmente en ese medio tan pálido, nada, mas que la sensación de estar parado en algún lugar, posiblemente fijo.
Muchas veces me eché a correr tratando de alcanzar un dejo de coloración ligeramente distinta a la que me envolvía: jamás lo logré. Recuerdo que veía algo parecido a ondulaciones pictóricas, como si frente a mí se descubriera en destellos una cortina que ondeaba inalcanzable. Siempre que quise sujetarme de ella tuve la sensación de que yo me hacía más pequeño, o que la cortina se elevaba lejos de mi alcance, perdiéndose en el trasfondo interminable, quedando yo más hendido en la infinita pureza de un blanco desesperanzador. Luego mi corazón empezaba a azotarse furioso, pensando en que no hallaría salida de mi trastornado ser y en caso de que la hubiera era mejor quedarse dentro del pecho; el exterior era incierto.
Un sueño terrible en su momento, en mi infancia precisamente. Hoy en día… al ver las olas de carros, uno detrás del otro y a los lados, casi encimados como dos rinocerontes apareándose, al escuchar las ráfagas de ruidos estridentes rebotando en mis tímpanos y sentir el calor húmedo y abochornado de la gente en mi piel, lo más ideal sería desprenderse de la realidad obligatoria y escapar al inmenso imperio de la basta vacuidad, el blanco diáfano de la existencia, el que habita entre cada línea de este escrito, el que puebla dentro de la o con que termina este texto, el blanco vacío de mi sueño, como un remedio casero, como un resultado embustero.
Hell

Ñ- POR EL DESPRECIO DE UN PRODUCTO DE FECUNDIDAD III

5

Por el desprecio de nuestra tarde erótica, sublime en orgasmos y ausente en te amos yo no podría ni siquiera continuar escribiendo. Lleno de asco y fastidiado del lugar de imbécil en el que me colocas siempre, me iría rabioso y colérico.  

Regresaría tres noches después acompañado por el filo de la daga nueva. Pediría entrar a tu casa de la manera más arrastrada, tal y como lo he hecho desde casi siempre.  Por el desprecio de tu carne y tus palabras haría brillar la punta de mi arma blanca, vengadora y aguda. La clavaría bien hondo en tu vientre, rasgaría tu interior con desdén y melancolía. 

Jamás arrepentimiento sentiría, ni al ver tus tripas derramadas en la cama, ni tras las rejas ni en la pira, ni en el juicio final del ser indomable y justiciero. Lo que hago, lo hago por amor. 

Por el desprecio de un producto de fecundidad yo te odiaría toda la vida, y odiaría mi vida misma, odiaría todos los días, todo el tiempo, siempre. Odiaría la nada y el todo. Odiaría a Cristo y a la ciencia, a las artes mágicas y  a las intelectuales. Odiaría el dichoso “milagro” de la vida, la salvación eterna y la muerte sin méritos oficialmente universales.   

6

Al carajo tus colores y tu vientre.

Al carajo el túnel que habría de cavar hasta tu ventana.

Al carajo tus palabras insulsas impregnadas de estupidez. 

Al carajo los dolores de tu pecho vacío y resonante.

Al carajo tus compañas y tu personalidad harta aconsejada.

Al carajo tu cuerpo oscilante en seducción de lupanares. 

Al carajo tus vulgares algoritmos que engatusan al más pobre.

Al carajo tus carajos pronunciados con caprichosa saña.

Al carajo tus latidos que impulsan ríos de veneno por tus venas. 

Al carajo lo que comes y lo que piensas y lo que sientes y dices.

Al carajo tus dulces, al carajo tus besos.

Al carajo tu desgana y tus chapucerías teatrales. 

Al carajo tus escritos pobres en elocuencia y magia.

Al carajo las promesas profanadas por tus actos escamados.

Al carajo tu maquillaje y tus perfumes, al carajo tus mascadas negras.

Ñ- POR EL DESPRECIO DE UN PRODUCTO DE FECUNDIDAD II

3

He visto a una niña pequeña, no mayor de dos años… riendo, viviendo en la espesura de la muerte. 

He visto a una niña muriendo en su futuro, de la misma forma en que nosotros nos morimos aquí y ahora. 

Enredada involuntariamente en un lúpulo de desgracia.Maravillada, sin saberlo, del proceso de putrefacción intelectual que el camino ofrece.

El camino de la vida, o el camino de la muerte.

En tal caso es lo mismo. 

He visto a una niña saltando y bebiendo jugo de guayaba en la sombra del valle de las almas decepcionadas. 

¿Qué diablos hacemos todos aquí?

¿Por qué nadie la saca, por qué dejamos que nos vea? 

He visto el jugo de guayaba fermentarse en su pequeño biberón,como la sangre coagulada de Cristo en el santo grial.

Como la senectud de un sabio en el centro de su sexo. 

He visto a una niña muriendo de cirrosis hepática.

Por mi culpa, por mi gran culpa. Por mi mirada apática. 

¿Escuchas ese ruido? ¡Chack! ¡Pack!… ¡Chack!Son nuestras neuronas desapareciendo heroicamente.

¡Plick! ¡Plick! ¿Escuchas?…

¡Plick!Son las ansias de vivir consumidas de la hija de un hijo de la chingada.

(Dicen que la trajo a morir.

Dicen que la vida los trajo para no sufrir.) 

¡He visto la muerte encarnecida en demonios de humo!

¡He visto mi más grande creación en medio de un pantano!

¡He visto a mi hija desangrarse los costados en medio de desconocidos!  

4

 Despiadada mujer sin corazón, córtame las manos, la garganta y el pecho para que ya no tenga modo de hacerte saber que te quiero.  

Arráncame el pene e introdúcetelo en los labios de Venus, embúllelo por completo y que penetre hasta atravesar el feto de nuestro deseo por lo que parece ser un ano en incipiente proceso de formación.  

Despréndeme los ojos y juega a las canicas con ellos en el lodo mezclado con excremento de un chiquero para puercos.  

Jálame las tripas que salen de mi pecho floreciente en sangre y pasión, póntelas  de peluca. Termíname con un tiro de gracia, en plena frente, que recalque la cicatriz que tengo desde los 6 años, cuando yo tenía la dicha de no saber de tu existencia.  

Y si aún no haz quedado satisfecha arráncame la lengua y hazte unos aretes con ella, mis dedos de los pies dáselos a los perros, dejaré que te quedes con mis sesos siempre y cuando los prepares en estofado, pero por favor, no intentes usar mi semen como aceite, recuerda que una vez quemado el olor no es muy agradable y tarda en dispersarse.

Ñ- POR EL DESPRECIO DE UN PRODUCTO DE FECUNDIDAD

1

La noche huele a ternura y a sólido sentimiento maternal. Vas a ser mamá. ¿Cómo te caería esa noticia? Cargarás con la representación vívida de mi ser, mi esencia llenará tu vientre. Guardarás mi placer más grande contigo, en ti. 

El cielo cruje como obleas de cacahuate. Vas a ser papá. ¿Cómo te caería esa noticia? Serás testigo de tu nacimiento en mi ser. Mayor prueba de amor engendrado en la ilusión de un pupilo tan gracioso no puede haber. 

2

Si a mí se me facilitaran las arcas de la magia, ¿qué no haría por nosotros tres?  Harto de la basura citadina y humana, me iría a un bosque donde la tierra fuera firme y cálida, no fría y delicada como el suelo de hielo que azora al mundo que nos agobia. 

Tomaría a mi novia y tendríamos un bebé. Aquella pequeña creación crecería en las mejores condiciones salubres e intelectuales. No le faltaría un libro jamás, ni una película siquiera, menos una pintura surrealista. Crecería bajo el mítico techo de libros y besos.  

Su mamá lo amaría, su papá también. Viajaríamos los tres en una balsa de ramitas sobre tibias aguas de duraznos, nadaríamos en el ceno de la virgen. Escalaríamos los pezones de Jesucristo. Hallaríamos cobijo en la indisciplinada cabellera de María Magdalena y por qué no decirlo, tendríamos una cama de ángeles algodonados.  

Aquella pequeña creación crecería al tiempo que su cabello lacustre en meses de prestidigitación. Aquella pequeña creación dejaría de ser tan pequeña para convertirse en una flor joven y retozante, aireada y embalsamada, lista para la vida. 

Su padre y su madre seríamos locos de felicidad, embriagados por la dulzura misma de la vida, por la cursilería del mundo que juntos creamos para dar lugar a la vida nueva, por nuestra chica Mellon Collie. 

Gacy

Donde la vida nos interesa

Esa tarde después de acariciar los senos de un antiguo amor, -que para variar, él había terminado…- pensó en que jugar con un pezón prendido sería más placentero si ella dejara de saltar con cada estruendoso sonar de cada disparo de cada loco que andaba regado por la calle. Mejor sería si no hubiera tanto disparo, razonó después. 

 

Caminaban hacia Boulevard de la Luz en dirección a la parada de autobuses, mientras dejaban atrás el “nido de perdición y delincuencia” como lo había llamado ella, empezaban a engordar las luces de la ciudad activa. Crecían los grandes edificios, lujosos en iluminación. Además de los balazos que incrementaban notablemente, empezaban a escucharse los cláxones de los automovilistas desquiciados con ansias de llegar y encerrarse en un bar para beber y fumarse su quincena.

 

- Bienvenida al mundo real, aquí es donde uno tiene que estar atento a las señales de tránsito, a las reglas y normas viales, a los peligros que lleva hendido en sí este barullo callejero. Aquí ya no hay brujas. Aquí todos son santos, nadie acepta que fuma marihuana,  nadie toma… sabemos que lo hacen, pero no lo dicen, aquí la gente es decente y vive responsablemente.

 

Ella miraba fijamente al horizonte, podían verse las luces de la ciudad reflejadas en su cara. Parecía no escuchar lo que él le decía, pero seguramente lo escuchaba, era imposible no hacerlo.

 

- Aquí es donde la vida nos interesa.

 

Ella no dijo nada. El detonar de las armas era palpitante.

 

Hell

Sin título 1

… se hallaba encima de ella, bien adentro de ella, como nunca, como nunca…

Al leer esas líneas sentí como si la cara se me escurriera;  

La sensación empezó desde la punta de mis cabellos, ahí nació una descarga eléctrica que recorrió su largueza, erizándolos; la descarga se enterró en mi cuero cabelludo, me atravesó el cráneo, me envolvió el cerebro; la descarga me salió por los ojos, se deslizó por mis pómulos flacos, cenizos, y cuando sentí que llegaba a la altura de mi boca me mordí el labio inferior con un poco de rabia… poniéndole alto a la vibración, no iba a permitir que me sacudiera el cuerpo entero, sabía lo que pasaría después… después las lágrimas. 

Con rápida decisión cerré el libro, me sentí ligeramente aliviado al haber cortado el cuento erótico que atisbaba llegar a su clímax y que me recordaba nuestros encuentros en tu cama, lo cerré de puro coraje. En fracciones de segundos la oscilación de tu recuerdo punzo cortante que me atacaba logró aumentar mis ganas de mandar todo al carajo. Quería dejar a un lado mi felicidad luctuosa, mi fallido intento de indiferencia que se desmoronaba como un mazapán al quitarle la envoltura. 

De haber sido así me hubiera levantado bruscamente del escritorio, con las manos habría barrido los pisapapeles, la engrapadora, el masking tape y mi desgraciado libro. Deseaba olvidarme de aquel chocolate sabatino, del techo de estrellas y besos, del olor de la tierra mojada, de todos esos elementos que en conjunto se transformaban en nosotros, nosotros que acababas de matarnos.  

Pero no fue así. Recordé que ella me esperaba, apenas me conoce, apenas me mira, apenas me siente, y luce entusiasta. Ella me tranquilizó. Lástima que se te olvidó tu perfume en mi ropa, mañana a primera hora tendré que deslizártelo por tu puerta en un sobre membreteado con santo y seña de lo que fue, pues no creo que a ella le interese saber de cual usas, no querrá. Y yo tampoco. 

Pero no fue así: el recordar su espera me tranquilizó. (Bastaba con decir sólo eso) 

Hell

Nuevas mañanas de temporada

Martes 6 de Febrero 

Foto de Alfredo Dominguez en La Jornada 

Hoy la ciudad de México despierta casi como de costumbre; sus calles imperfectas lucen un tétrico gris que pronto estará saturado por la congestión vial; los comercios levantan sus cortinas que rompen la tranquilidad de la calle con sus estruendosos rechinares; las señoras salen a vender tamales y atole a las esquinas, desayuno de campeones; las escuelas reciben a miles de niños desmañanados que regalan bostezos al mayoreo... todo normal, todo como de costumbre, pero estas mañanas ya no son como las del invierno pasado, pues ahora el frío es incontrolable, de los mil demonios congelados.

1, 2, 3, 4, 5 y párale de contar, hoy despertamos acondicionados en 5 grados de temperatura; el agua de la llave, si es que corre por las tuberías, quema las manos y rasga el rostro, se siente como hielo en la boca; ducharse a primeras horas del alba puede resultar un acto suicida; el respirar por la nariz ya también empaña los espejos y ventanas; las manos pesan en el viento helado; los pies no están húmedos, pero como si lo estuvieran… El panorama goza de un rocío congelado jamás antes visto. 

Nuestras abuelitas dicen que va a nevar… ya lo pudiera ver en las montañas cercanas a mi casa si la neblina no fuera tan espesa. Las abuelitas no mienten, los noticieros ya confirman la noticia “Nieve en el Ajusco”. La carretera se ha cerrado por una capa de hielo que ha tenido a bien de posarse en el negro asfalto.

Estas mañanas invernales ya podrán ser al mero estilo norteamericano, no falta mucho para que los niños de la capital puedan expresar sus dotes artísticos manuales con un muñeco de nieve en las aceras, o para que plasmen su complexión corporal en un  ángel a ras de suelo…

Oh, sí, hermoso invierno blanco, escarcha nuestros legendarios montes susceptibles al deshielo, y déjame sentir el tintineo de las gotas casi congeladas en el pino que colinda con mi ventana…

Gacy